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Deleuze, Guattari y el Anarquismo de Mercado

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De Edmund Berger. Artículo original: Deleuze, Guattari and Market Anarchism, de 23 de enero 2017. Traducción española por Kathiana Thomas.

Deleuze, Guattari and Market Anarchism

I. Deleuze, Guattari, Aceleracionismo

Desde hace un tiempo se ha hablado bastante sobre Deleuze y Guatarri tanto en el ámbito académico como en el de activismo. Algunas veces son objeto de escarnio infundado (denunciados como «santos locos» por socialistas tradicionalismo como Richard Barbrook), y otras veces ellos son los beneficiados de elogios evidentemente no críticos (véase las incontables aplicaciones de sus teorías a cada tópico bajo el sol). Ellos han sido etiquetados como agentes secretos del capitalismo neoliberal (como lo expuso Slavoj Žižek) y como tácticos de la revolución en la era de la globalización (de acuerdo al movimiento altermundialista transnacional que emergió en los 90’s). Ellos han sido invocados como hippies alegres que celebran la emergencia cósmica (ciertos puntos del reciente canon del «nuevo materialismo»), como precursores de la teoría del caos y la complejidad (Manuel DeLanda), y quizás lo más placentero, como escribas de un «comunismo negro y loco» que se deleita con la conspiración y la negatividad (Andrew Culp). Antes de su giro hacia la neorreacción, Nick Land describió El Anti Edipo, el primer volumen de su colaboración en dos partes titulada Capitalismo y Esquizofrenia, como «menos un libro sobre filosofía que un manual de ingeniería; un paquete de implementos de software para hackear el inconsciente maquinista, abriendo canales de invasión».1

Con tantas interpretaciones distintas, las cuales van desde las más acertadas hasta aquellas excesivamente problemáticas, podría parecer un inescapable callejón sin salida el revisar sus trabajos a fin de elucidar las dinámicas de poder en el mundo actual. Su captura por parte de la academia, esa línea de ensamblaje del pensamiento homogéneo, solo contribuye a este agotamiento. Sostengo, sin embargo, que Deleuze y Guattari (por lo tanto, D & G) tienen mucho para ofrecernos a día de hoy, y constituyen una ruptura radical (o, según su jerga, un schiz) en los anales de la teoría izquierdista que apunta el camino hacia una visión de futuro que es similar a lo que Benjamin Tucker describió como «socialismo anarquista» —o, en el dialecto de hoy, anarquismo izquierdista de mercado—.

La sugerencia de que la praxis política de D & G coincide con la del anarquismo de mercado, incluso una que es vehementemente anti-capitalista, está destinada a irritar a muchos, y sin duda será el foco de acusaciones sobre «aceleracionismo». La herejía política consumada de la última década, el aceleracionismo —un término vago que ha sido aplicado en numerosas, y frecuentemente, conflictivas maneras— emerge desde un pasaje clave en El Anti-Edipo. A la luz de los fracasos de la izquierda durante las revueltas de los 60’s para derrumbar el capitalismo, y del giro tomado por los «Tercer-mundistas» hacia el capitalismo nacionalista, D & G sugieren que la apropiada «ruta revolucionaria» de hecho podría ser una en la cual nosotros necesitemos «[i]r aún más lejos en el movimiento del mercado … No retirarse del proceso, sino ir más lejos, “acelerar el proceso”. Como decía Nietzsche: en verdad, en esta materia, aún no hemos visto nada».2

La acusación de aceleracionismo no es una que deba ser contrariada, sino aceptada, pero solo mediante un delicado desglose. Lecturas ligeras y carentes de matices, han calificado las reflexiones de D & G como ponderaciones puntuales en el mejor de los casos, y en el peor de ellos, como una aceptación acrítica del por entonces emergente capitalismo neoliberal, con su retórica de mercados globales, desregulación, y apertura. Se debe evitar identificar el aceleracionismo con este último (así como la asociación más reciente del aceleracionismo con el desarrollo tecnológico centrado en el Estado); en su lugar, veamos la posibilidad de un aceleracionismo que sea de naturaleza «anarquista-socialista», que utilice los mercados y que opere en un antagonismo desenfrenado hacia las condiciones del presente. Para ello, hay que rastrear el posicionamiento de los mercados frente al capitalismo en la obra de D & G. Lo que sigue es una exploración somera de esto, aunque no es en absoluto un tratamiento exhaustivo. Pero primero, debemos mirar la propia postura de D & G hacia lo político en sí, como individuos y en conjunto.

II. ¿Marxistas, anarquistas, ambos o ninguno?

Proporcionar un conjunto preciso de coordenadas políticas para las teorías de D & G, además de una orientación de izquierda bastante extrema, es en sí una tarea bastante difícil. Al igual que Foucault, Baudrillard y otros, aglutinados bajo el problemático signo del «post-estructuralismo», D & G son invocados a menudo por los anarquistas, en particular los de las corrientes insurreccionalistas, de comunización y de post-izquierda, pero el debate sobre su estatus de anarquistas ha persistido a lo largo de los años.

Estando vinculado al movimiento cuasi-anarquista de Autonomia en la Italia de los años 70, Guattari describió su proyecto como «autónomo-comunista-anarquista», aunque ni él ni Deleuze tenían mucho que decir en absoluto sobre la historia del pensamiento anarquista. Las ponencias de Deleuze hacían alusiones a Proudhon, aunque sin duda se trataba del Proudhon de paja de La Pobreza de la Filosofía de Marx (esto es desafortunado, ya que la propia ontología del flujo y el devenir de Proudhon, como se detalla en La Filosofía del Progreso, claramente presagia la propia de Deleuze). Mientras tanto, en La Lógica del Sentido, Deleuze se refiere brevemente a Max Stirner; aunque es difícil decir si fue influenciado directamente por el egoísta, Saul Newman ha detallado numerosos puntos donde coinciden sus filosofías.3

Por supuesto, no se trata de la relación con la historia de las ideas o las etiquetas asignadas lo que dicta la proximidad al anarquismo. Aparte de las relaciones tangenciales con grupos anarquistas y casi anarquistas (Guattari a través de los Autonomistas, Deleuze a través del Prisoner Information Group, una red de activistas contra la prisión creada por Foucault), está claro que la filosofía sugerida por D & G está repleta de posiciones y propuestas bien conocidas por los anarquistas. Entre otras cosas, ambos rechazan el Estado, el capitalismo, la URSS, el fascismo, la policía, la democracia, el racismo, el colonialismo, los impuestos, e incluso la nostalgia, el gerencialismo y las identidades fijas.

¿Hasta qué punto pueden considerarse marxistas a D & G? Es innegable que Marx ocupa un lugar importante en su obra, sobre todo en El Anti-Edipo, que plantea su praxis revolucionaria como una combinación de Nietzsche y Marx. Dos décadas desde antes de su colaboración con Deleuze, Guattari se encontraba en medio de las dos grandes tendencias intelectuales de la Francia de la posguerra: el existencialismo y el comunismo marxista. A finales de la década de 1940 fue una figura destacada en la sección francesa de la Cuarta Internacional del Partido Comunista Internacional, que a su vez era un grupo de militantes trotskistas; a lo largo de la década de 1950, derivaría hacia una posición comunista más libertaria, trabajando con otros radicales y escribiendo críticas detalladas de la estructura estatal de la Unión Soviética y organizándose contra los estalinistas en la corriente principal de la política comunista francesa. En 1964, cuando esta oposición de izquierdas comenzó a identificarse como maoísta, Guattari rompió con ellos y comenzó a moverse en dirección a los sectores anárquicos del movimiento estudiantil.

Deleuze, por otra parte, había evitado esta clase de política. A pesar de que fue un lector entusiasta de Sartre, el existencialismo no le atrajo mucho, ni tampoco las formas ortodoxas del marxismo. Hacia el final de su vida él se describió así mismo como marxista («Felix Guattari y yo hemos permanecido como marxistas, en nuestras dos maneras distintas, tal vez»),4 al momento de su muerte se estaba preparando para escribir una monografía sobre Marx. Sus últimos textos tales como «Postscript on the Societies of Control» del 1992 fueron auto-descritos como marxista, aunque es una especie de marxismo bastante hilarante: cuando las nociones de resistencia fueron brevemente sacadas a relucir, no se trata del proletariados apropiándose de las fábricas, sino «la piratería y la introducción de virus» en las redes de computadoras.5 Y mientras que uno podría esperar una marxista auto-identificado escribiendo un texto marxista hacer uso de algo similar a una teoría marxista de la historia, la visión de Deleuze del desarrollo no se enfoca en la lucha de clases, sino en el desarrollo tecnológico. En vez de Marx, su punto de referencia es Foucault —una figura cuya relación con el marxismo es debatida y complicada.6

«Un tipo bastante jocoso de marxismo» es probablemente la mejor forma de describir El Anti-Edipo, tal como el propio subtítulo de Capitalismo y Esquizofrenia señalada. El libro, tal como Jean-Francois Lyotard argumentaría después, tal vez trate de mantener las apariencias de ser marxista, pero es indiscutiblemente una forma variada —o más apropiadamente, mutada—. Para Lyotard, «el silencio del libro acerca de la lucha de clases, la saga sobre el obrero y la función de su partido» ayudan a formular un post-marxismo (¿o anti-?) que está limpio de la «[m]ala consciencia en el propio Marx, y que es peor y peor en los marxistas».7 ¿Cuál podría ser la naturaleza de esta «mala consciencia»? De acuerdo a Lyotard, se trata de un sentimiento de culpa o repudio por haber sido cautivado por elementos de la dinámica de los procesos de mercado, a saber, la capacidad de hacer temblar los cimientos de lo arraigado: «[e]n la figura del Kapital que proponen Deleuze y Guattari, reconocemos fácilmente lo que fascina a Marx: la perversión capitalista, la subversión de los códigos, de las religiones, de la decencia, del comercio, de la educación, de la cocina, de la palabra…».

III. Detrás del Velo del Capital

Yendo tan atrás como el Manifiesto del Partido Comunista, Marx dirige nuestra atención, usualmente a través del uso del imaginario estático y poético, hacia los aspectos positivos del capitalismo en cuanto a que este desestabiliza las viejas formas de poder mientras que simultáneamente lleva a cabo procesos de «modernización». «​Las relaciones inconmovibles y mohosas del pasado», reza el famoso pasaje, «con todo su séquito de ideas y creencias viejas y venerables, se derrumban, y las nuevas envejecen antes de echar raíces. Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado, y, al fin, el hombre se ve constreñido, por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás». Es debido a esto que D & G usan términos como línea de fuga, desterritorialización y descodificación para describir las relaciones capitalistas: «líneas de fuga» porque sigue una trayectoria serpenteante del deseo hacia lo nuevo; «desterritorialización» porque desarraiga las cosas de donde están atascadas y las permite circular; y «descodificación» porque rompe los códigos, es decir, las restricciones de la tradición, la identidad, la cultura y otros sistemas de valores impuestos.

No obstante, ¿no queda esto bastante alejado de la realidad del capitalismo? Marx fue capaz de trazar un camino entre la fascinación por el entrelazamiento de la circulación económica y la explotación, por un lado, y la explotación y la violencia, por otro, aunque siguió siendo víctima de una serie de incoherencias críticas que, en última instancia, ayudaron a socavar gran parte de su proyecto; ya sea la confusión entre el Estado y el mercado (como señala Kevin Carson en «Studies in Mutualist Political Economy»),8 su repugnante y eurocentrista apoyo hacia el imperialismo Británico en India, o la ambigua relación entre el desarrollo capitalista y la liberación en el núcleo de su filosofía de la historia —discusiones envueltas las cuales ayudaron a dar forma a los caminos tomados luego de la revolución Bolchevique.9

D & G ofrecen una escapatoria de estas inconsistencias y ambigüedades, pero es una ruta de escape que cambia la naturaleza en sí del análisis marxista del capitalismo, y con este, los objetivos revolucionarias a los que este análisis tiene la intención de apuntar hacia. Lo que es esencial resaltar son los elemento que son identificados como «positivos» en el capitalismo —líneas de fuga, desterritorialización, descodificación— son también las cosas en sí que llegan a ser asociadas con las políticas liberatorias. Librar un revuelta no-fascista en contra del mundo —lo cual es el objetivo mismo de un libro como El Anti-Edipo— es revelarse en contra del viejo orden a fin de dar cabida a que nuevas formas surjan. La concepción del deseo de Deleuze y Guattari es productivo y tiende hacia el exceso y la circulación, en oposición a las nociones de la carencia enraizada en el deseo (tal y como sugerían los discursos psicoanalíticos tempranos de Sigmund Freud y Jacques Lacan).

¿Esto quiere decir que el capitalismo puede ser identificado como la expresión de deseo en sí, una sugerencia que suena increíblemente similar a las divagaciones de los libertarios vulgares y «anarcho»-capitalistas? No exactamente. D & G proponen entender el capitalismo no simplemente como un sistema, sino como un proceso en constante despliegue. Este proceso no es meramente un reflejo del deseo filtrado a través de patrones de intercambio del mercado, sino un cúmulo de relaciones sociales entrelazadas en relaciones inmanentes de poder y dominación. No importa qué tan flexible las relaciones de poder lleguen a ser, estas siempre requieren de alguna clase de cimiento rígido y fijo en su base, algún territorio en el cual sus códigos operan. Pareciera entonces que los elementos de creatividad explosiva exhibidos por el emprendimiento y circulación capitalista —los procesos del mercado en sí mismo, en otras palabras— se opondrían a este poder, sin embargo no lo hace. Esto es, D & G sostienen, porque la desterritorialización y descodificación son solamente la mitad del proceso capitalista, y están unidos con los procesos recíprocos de reterritorialización y recodificación. Es más, la desterritorialización y la descodificación son presentados como alguna clase de «mecanismos estabilizantes» del propio sistema, sin los cuales el capitalismo en sí dejaría de existir. Citándolos extensamente,

…el capitalismo no cesa de contrariar, de inhibir su tendencia al mismo tiempo que se precipita en ella; no cesa de rechazar su límite al mismo tiempo que tiende a él. El capitalismo instaura o restaura todas las clases de territorialidades residuales y facticias, imaginarias o simbólicas, sobre las que intenta, tanto bien como mal, volver a codificar, a sellar las personas derivadas de las cantidades abstractas. Todo vuelve a pasar, todo vuelve de nuevo, los Estados, las patrias, las familias. Esto es lo que convierte al capitalismo, en su ideología, en «la pintura abigarrada de todo lo que se ha creído»… Cuanto más desterritorializa la máquina capitalista, descodificando y axiomatizando los flujos para extraer su plusvalía, tanto más sus aparatos anexos, burocráticos y policiales, vuelven a territorializarlo todo absorbiendo una parte creciente de plusvalía.10

Que el capitalismo requiera de un Estado para mantenerse a sí mismo no es una novedad (ni tampoco lo es nada de lo mencionado en el párrafo de arriba). Lo mejor de los trabajos de Marx expusieron, con increíble detalle, la manera en que la evolución del Estado moderno desempeñó un papel fundamental en el nacimiento del capitalismo, mientras que el excelente análisis de Benjamin Tucker demostró cómo la intervención del Estado propició el desarrollo del capitalismo, en vez de disuadirlo. La Escuela de La Regulación posmarxista, la cual incluye figuras tales como Michel Aglietta y Bob Jessop, ha conducido numerosos estudios acerca de la manera en que los sistemas de regulación permiten al capitalismo «reproducir» sus relaciones. Lo que D & G describen aquí encaja con diversos análisis, pero se centran en una función muy específica: la forma en que el Estado se «apodera» o «captura» elementos cada vez más grandes en las fuerzas que son desencadenadas como medio de mantener las entidades que se lucran de este desencadenamiento. A pesar de que esto podría sonar algo esotérico (y poco intuitivo, especialmente de cada a los discursos económicos tradicionales), este proceso es más o menos una descripción de las redes de relaciones de poder siendo «reproducidas» por la constante co-producción del capitalismo y el Estado.

D & G toman esta noción de dos fuentes primarias. El primero es el estudio del dinero el cual fue llevado a cabo por Foucault y presentado como parte de su serie de lecciones de 1970-1971 en el Collège de France sobre «la voluntad de saber». En estas lecciones, Foucault plasma como la «moneda fija» —dinero que es impuesto por el Estado, contrario a la «moneda espontanea» que parece surgir naturalmente— en la Antigua Grecia operaba como un mecanismo regulador de la sociedad en su totalidad. El dinero en la sociedad griega «impide los excesos, pleonexia, tener demasiado… pero esto también previene la pobreza excesiva…»11 La tributación, para Foucault, es un aspecto esencial de la función de la moneda fija, y no alguna aberración durante su evolución o algo aplicado después por burócratas inescrupulosos. En cambio, este fue creado con la tributación en mente, como algo que pueda crear una taxonomía de clases, ayudar a que las estructuras de clase se mantengan relativamente rígidas en su composición (principalmente a través de la deuda acumulada por las clases bajas y las clases bajas y el flujo ascendente del dinero de los impuestos hacia las clases altas), y para facilitar los proyectos de obras públicas necesarios para la expansión de los intereses económicos más allá de su ámbito natural. Echando una mirada a los tiempos modernos, D & G escriben que «Como si los griegos hubiesen descubierto a su modo lo que los americanos descubrieron después del New-Deal: que los elevados impuestos del Estado son propicios para los buenos negocios… En una palabra, el dinero, la circulación del dinero, es el medio de volver la deuda infinita».12

La segunda fuente es la posición de la escuela neo-marxista de Monthly Review, tal como fue expuesta por Paul Baran y Paul Sweezy en su libro Monopoly Capital. Controversiales en los anales del marxismo por su transgresión de muchos de los principios centrales de la ortodoxia marxista (tal como la tendencia a la baja de la tasa de ganancia), Baran y Sweezy estuvieron principalmente interesados en el creciente «capitalismo organizado» que había crecido en el periodo que iba desde 1880 y atravesó los 60s. Esta etapa del desarrollo del capitalismo estuvo marcado por altos niveles de concentración del poder económico en la mano de un puñado empresas, con una actividad mercantil entre ellas la cual podría ser mejor descrita como una competencia monopolista. En palabras de Baran y Sweexy, un sistema semejante se vuelve inmanejablemente sobrecargado, haciendo que la economía tienda hacia el estancamiento al sobrecargarse de excesos de producción y al ralentizar la circulación de dinero a través de la economía. Por lo tanto, el Estado se encarga de absorber el exceso de producción y capital para «bombear energía» de nuevo a la economía, ya sea a través de programas de bienestar, renovación de la infraestructura, el gasto militar, o cualquier otra forma «productiva» de empresa pública financiada por los contribuyentes. Al igual que Foucault en su estudio sobre el dinero, Baran y Sweezy sugieren que,

…dado que el gasto público a gran escala permite que la economía funcione mucho más cerca de su capacidad, el efecto neto sobre la magnitud del plusvalor privado es positivo y sustancial… Para [el «gran empresario»], el gasto público significa más demanda efectiva, y siente que puede trasladar la mayor parte de los impuestos asociados a los consumidores o a los trabajadores. Además… los engranajes del sistema fiscal, especialmente diseñado para adaptarse a las necesidades de todo tipo de intereses especiales, abren un sinfín de oportunidades para las ganancias especulativas y extraordinarias. En definitiva, el sector decisivo de la clase dominante estadounidense va camino de convertirse en un creyente de la naturaleza benéfica del gasto público.13

D & G extienden estas ideas y las visualizan como un fenómeno más generalizado, que denominan como «axiomática capitalista» o «social». Siendo un proceso mecánico esencial para el funcionamiento del capitalismo, esas axiomáticas son los medios a través de los cuales cualquier cosa desterritorializada o descodificada es redirigido de nuevo hacia ensamblaje Estado-capitalismo. Esto aplica no solo a la captura de los flujos monetarios por el Estado vía tributación, o la captura mucho más temprana del intercambio y la circulación misma por la sobre-codificación de monedas espontaneas con dinero fijo, sino hacia cosas como la recuperación y cooptación de las formas de oposición en la lógica del poder, etc. «En el capitalismo existe una tendencia» dicen D & G en Mil Mesetas «a añadir constantemente axiomas. Después de la Guerra del 14-18, la influencia conjugada de la crisis mundial y de la revolución rusa forzaron al capitalismo a multiplicar los axiomas, a inventar otros nuevos, que concernían a la clase obrera, al empleo, a la organización sindical, a las instituciones sociales, al papel del Estado, al mercado exterior y al mercado interior. La economía de Keynes, el New Deal, fueron laboratorios de axiomas. Ejemplos de nuevas creaciones de axiomas después de la segunda guerra mundial: el plan Marshall, las formas de ayudas y de préstamos, las transformaciones del sistema monetario.»14

Como es simple de ver, ubicado al centro de estos conceptos y modelos interrelacionados —reterritorialización, recodificación y la adición/sustracción de axiomas— se encuentra el Estado mismo. El concepto de capitalismo de D & G es como un sistema hidráulico, donde todo, sea capital, bienes, personas e incluso el deseo, se mueve en flujos que son productivos constantemente. Pero, en el centro de este sistema está el regulador que hace que esto funcione: «El Estado, su policía y su ejército forman una gigantesca empresa de antiproducción, pero en el seno de la producción misma, y condicionándola.»15

IV. En contra del Estado

En Mil Mesetas, estas dinámicas son redefinidas como una lucha entre los aparatos del Estado y las máquinas de guerra. En El Anti-Edipo, flujos y fuerzas divergentes, desterritorializadas y descodificadas son tratadas como poseedoras de cualidades «nomádas»; la «máquina de guerra» es la siguiente etapa de este análisis, enfocándose en los aspectos más intransigentes y conflictivos de sus funciones. Las máquinas de guerra, en otras palabras, hacen exactamente lo que su nombre supone, y el blanco de esta guerra es el Estado mismo (D & G se basan en los trabajos antropológicos de Pierre Clastres, que analizan el modo en que ciertas sociedades indígenas hacen de la repulsión del Estado la razón de ser de sus cuasi órdenes sociales). Las máquinas de guerra vienen en distintas formas: tu grupo de afinidad es una máquina de guerra, el agorista es una máquina de guerra, las pandillas callejeras y los piratas, e incluso algunos tipos de organizaciones comerciales. No todas las máquinas de guerra son positivas: ellas son capaces de ser extremadamente violentas, tribales, e incluso fascistas. A pesar de que mucho puede decirse al respecto, se trata de la confluencia específica de la máquina de guerra con algunas funciones económicas particulares la que nos concierne.

Contra la máquina de guerra, sugieren D & G, está el «aparato de captura», que es una función del Estado que se apodera o apropia del movimiento divergente y lo convierte en una parte de sí mismo. Dicha fuerza encaja rápidamente en el tratamiento de la reterritorialización, la recodificación y la axiomática; de hecho, D & G identifican el aparato de captura con la «megamáquina», que fue el término de Lewis Mumford para referirse a los grandes sistemas «sociotécnicos» organizados por el Estado que regimentan y disciplinan a las personas vinculadas a él.16 Es importante destacar que establecen una correlación adicional entre la megamáquina y ciertos fenómenos y mecanismos económicos y políticos: el aparato de captura «funciona de tres modos…: renta, beneficio e impuestos». Este esquema, nos dicen D & G, es una redefinición de la famosa «fórmula de la trinidad» de Marx, que utilizó para describir el modo en que las relaciones del capital se convierten en relaciones sociales. Lo que hace que el tratamiento de D & G sea diferente del de Marx es doble: en primer lugar, porque sitúa al Estado, y no a la pura lógica económica del capitalismo, en el centro de las cosas; y en segundo lugar, porque ya no se trata de cómo el capitalismo se convierte en una relación social, sino de cómo las cosas que están fuera del ámbito del Estado se ven envueltas en estas diversas relaciones de poder. «No es el Estado el que presupone un modo de producción», escriben, «todo lo contrario, es el Estado el que hace de la producción un “modo”».17

Del impuesto ya hemos hablado bastante, así que es de la renta y del beneficio de lo que hay que ocuparse. Aunque la fiscalidad está obviamente correlacionada con la función del Estado, para muchos la sugerencia de que la renta y la ganancia —dos aspectos fundamentales de la economía de mercado capitalista— surgen de las funciones del Estado podría parecer absolutamente errónea. Pero hay que tener en cuenta la idea poco reconocida, incluso en los discursos económicos convencionales, de que cuanto más abiertos son los sistemas de intercambio y circulación, más cae la capacidad de mantener las tasas de acumulación de ganancias a largo plazo. Con la capacidad de entrar libremente, o de sustraer conjuntos enteros de relaciones de los sistemas de mercado, la capacidad de ciertos actores de asumir una parte desmesurada del mercado se hace insostenible; que es precisamente la razón por la que la dependencia de los monopolios concedidos y forzados por el Estado se hace necesaria para que las estructuras de poder arraigadas se apuntalen contra esta marea desterritorializadora.

Lo mismo podría decirse de la renta, que está supeditada, al menos en el sistema capitalista, a los derechos de propiedad privada respaldados por el Estado y plasmados en forma de títulos estandarizados. Tal vez la relación entre la renta y el Estado sea aún más obvia que la del Estado y la propiedad, dado el innegable papel del Estado en la partición de los antiguos sistemas de propiedad y su puesta en circulación en beneficio de las élites económicas, sociales y políticas. El asalto a la renta que se produciría en el vacío del Estado fue resumido de la mejor manera por Robert Anton Wilson: «Por supuesto, dado que las ideas austriacas existen como factores en el comportamiento humano, admitiré que la gente, engañada por estas ideas, continuará pagando la renta incluso en libertad, por un tiempo al menos. Pero creo que, después de un tiempo, al observar que sus vecinos tuckeristas no se someten a esta impostura, entrarían en razón y dejarían de pagar el tributo a los “propietarios” autoelegidos… Yo mismo no pagaría el alquiler ni un solo día más allá del punto en el que la policía… está a mano para cobrarlo mediante el “argumento por instrumento contundente”».18

Entonces, ¿quiénes o qué son las máquinas de guerra que se capturan en estos tres mecanismos de captura, el impuesto, la renta y el beneficio? D & G dedican una cantidad significativa de tiempo a discutir figuras que serían desechadas en los anales del marxismo como «pequeños burgueses»: artesanos, trabajadores de la piedra, metalúrgicos, comerciantes, etc. Por supuesto, la existencia de estas figuras no elimina, el cuadro de la explotación de las clases campesinas —y más tarde proletarias—, pero para D & G es su carácter nómada y autónomo, «ya que su existencia no dependía enteramente de un excedente acumulado por un aparato estatal local», lo que las hace atractivas para prefigurar nuevas formas políticas de pensar y actuar que escapan y atacan al Estado. Haciendo referencia al desarrollo histórico de la metalurgia, D & G destacan la forma en que el afán del Estado por monopolizar las economías y mantener el status quo del poder vinculó la captura de estos actores a la explotación de las clases bajas: «la sobrecodificación de Estado mantiene a los metalúrgicos, artesanos y comerciantes, dentro de límites estrechos, bajo un fuerte control burocrático, una apropiación monopolística del comercio exterior, al servicio de una clase dirigente, por eso los campesinos se benefician poco de las innovaciones de Estado»19.

Un ejemplo más contemporáneo de esta dinámica en acción sería la forma en que 1) los tinkerer y los hackers produjeron innovaciones que cambiaron el paradigma en la tecnología de la información y la comunicación; 2) la posterior captura de estas innovaciones bajo la aplicación de las leyes de Propiedad Intelectual por parte del Estado y su servicio a las grandes corporaciones multinacionales de alto nivel; y 3) la forma en que se obstruyen las innovaciones posteriores de estos desarrollos. Por lo tanto, podemos sugerir una continuidad directa entre las reflexiones sobre los artesanos y metalúrgicos de Mil Mesetas y las reflexiones sobre la piratería y el hackeo de la «Postscript on the Societies of Control» a la que ya hemos aludido.

Así pues, lo que tenemos en última instancia, volviendo la vista atrás a estos diversos trazos, es un espacio disputado, un espacio de conflicto, en el que, por un lado, está el Estado, el capitalismo y la ecología de poder a múltiples escalas que atraviesa estas formaciones. Del otro lado: el movimiento autónomo, el intercambio dinámico y la circulación, ecologías creativas impulsadas por el deseo. El primero hace de las segundas la materia prima para sí mismo, hace del deseo, de la creatividad, del impulso de huir y transgredir los territorios, las fronteras y los límites tradicionales (¿no es el desestabilizar el deseo más primordial que existe?), algo que sostiene formas de dominación más imperceptibles a través de sus diversos mecanismos y aparatos. El más atroz de ellos es la forma en que estas ecologías obligan a muchas personas que aspiran a la ruptura a replegarse sobre sí mismas y a volver a apoyar los sistemas que supuestamente impugnan. La liberación del capitalismo es a menudo sinónimo de la retirada a las variantes socialdemócratas del mismo, lo que no es una ruptura con el capitalismo, sino el fortalecimiento del mismo al llamar a todas las fuerzas del Estado para que ejerzan su poder. Si dejamos de lado la cuestión de la identidad del «Blood-and-Soil» y los adornos estéticos, ¿cuál es la diferencia que podemos ver honestamente entre estos mecanismos básicos del Estado socialdemócrata y el Estado fascista? Con esto en mente, volvamos al notorio pasaje aceleracionista de El Anti-Edipo, que esperemos que a estas alturas adquiera una nueva apariencia:

[P]ero, ¿qué vía revolucionaria, hay alguna? — ¿Retirarse del mercado mundial, como aconseja Samir Amin a los países del tercer mundo, en una curiosa renovación de la «solución económica» fascista? ¿O bien ir en sentido contrario? Es decir, ¿ir aún más lejos en el movimiento del mercado, de la descodificación y de la desterritorialización? Pues tal vez los flujos no están bastante desterritorializados, bastante descodificados, desde el punto de vista de una teoría y una práctica de los flujos de alto nivel esquizofrénico. No retirarse del proceso, sino ir más lejos, «acelerar el proceso», como decía Nietzsche: en verdad, en esta materia todavía no hemos visto nada.

¿No se trata de una visión de articulación militante, de izquierda (o incluso de post-izquierda), de cómo los sistemas de intercambio y circulación, operando a nivel global, pueden socavar las ecologías de poder dominantes, y ese crudo brutalismo al que tienden inexorablemente: el fascismo? No se trata de una oda secreta a la globalización neoliberal, o la irrupción del mercado mundial capitalista; siguiendo su visión del estado y el capitalismo como fuerzas unidas como un ensamblaje común, modular y reactivo, la «neoliberalización» y todo lo que conlleva (el eslogan resbaladizo de «privatización», «desregulación», «austeridad», «ajuste estructural», etc.) no es más que el siguiente despliegue de los procesos de adición y sustracción de axiomas. Un aceleracionismo izquierdista anarquista positivo tendría que situar el horizonte de su actividad política más allá de la axiomática, en un espacio futuro que rompa estas ecologías. Es un futuro en el que el deseo opera a nivel «molecular», no a nivel de alguna colectividad abstracta.

Sería totalmente incorrecto decir que la totalidad de la praxis de D & G se trata de un «comunismo de libre mercado», como ha sido descrito por Eugene Holland.20 Sería igualmente incorrecto, sin embargo, pretender que la relación entre los mercados y la liberación no importa en el gran esquema de su trabajo (como tantos comentaristas de izquierda, ya sean académicos o no, han hecho). Cualquier elemento anarquista de mercado que se vislumbre debe casarse con su gama más amplia de preocupaciones: la futuridad, la globalidad, la liberación de los deseos en toda su extensión, la disolución de todo lo externo y la dinámica interna del poder, etc. Como describió el difunto Mark Fisher, el aceleracionismo de D & G consistía en «acelerar ciertas tendencias que el propio capitalismo tiene que mantener a raya… cuando esas tendencias se aceleran, vamos más allá de esas formas estándar de subjetividades, vida y trabajo de las que depende el capitalismo».21


Notas

[1] Nick Land “Machinic Desire”. Nick Land, Robin Mackay, and Ray Brassier Fanged Noumena: Collected Writings, 1987-2007 Urbanomic, 2012, pág. 326

[2] Gilles Deleuze and Felix Guattari Anti-Oedipus: Capitalism and Schizophrenia Penguin Classics, 2009, págs. 239-240. Las dimensiones Nietzschenianas de este fragmento, esencial a fin de verdaderamente comprender las implicaciones del discurso de D & G, representan más de lo que podría abordarse en estas páginas. Por eso, remito al lector interesado a Obsolete Capitalism Acceleration, Revolution, and Money in Deleuze and Guattari’s Anti-Oedipus Rizosfera, 2016 https://www.academia.edu/29794467/Acceleration_Revolution_and_Money_in_Deleuze_and_Guattaris_Anti-OEdipus

[3] Saul Newman “War on the State: Stirner and Deleuze’s Anarchism” Anarchist Studies Issue 9, 2001 https://theanarchistlibrary.org/library/saul-newman-war-on-the-state-stirner-and-deleuze-s-anarchism

[4]  Gilles Deleuze and Antonio Negri “Control and Becoming: Gilles Deleuze and Antonio Negri” Futur Anterieur Issue 1, Spring, 1990 http://www.uib.no/sites/w3.uib.no/files/attachments/6._deleuze-control_and_becoming.pdf

[5] Gilles Deleuze “Postscript on the Societies of Control” October, Issue 59, 1992 https://cidadeinseguranca.files.wordpress.com/2012/02/deleuze_control.pdf

[6] El modo de análisis de Foucault y su forma de entender el poder es bastante diferente al de Marx, y al final se alejaría de cualquier cosa que se parezca al marxismo ortodoxo. Esto no quiere decir que Foucault no haya tomado trozos de Marx. En su famoso estudio sobre el surgimiento y la difusión de la «sociedad disciplinaria», Foucault hace referencia a Marx de vez en cuando y sugiere que el surgimiento del capitalismo, tal y como lo diagnosticó Marx, estaba supeditado a la existencia de formas de regular y regimentar los cuerpos de las personas para hacerlos productivos. «De hecho los dos procesos, acumulación de los hombres y acumulación del capital, no pueden ser separados; no habría sido posible resolver el problema de la acumulación de los hombres sin el crecimiento de un aparato de producción capaz a la vez de mantenerlos y de utilizarlos; inversamente, las técnicas que hacen útil la multiplicidad acumulativa de los hombres aceleran el movimiento de acumulación de capital.» Vigilar y Castigar: Nacimiento de la Prisión Siglo XXI Editores, 2002, pág. 204.

[7] Jean-Francois Lyotard “Energumen Capitalism”, in Robin Mackay and Armen Avanessian #Accelerate: The Accelerationist Reader Urbanomic, 2014, págs. 183, 182

[8] Kevin Carson Studies in Mutualist Political Economy 2004, págs. 119 – 128

[9] Véase la correspondencia entre Marx y Vera Zasuluchi que tuvo lugar en 1881: https://www.marxists.org/archive/marx/works/1881/zasulich/index.htm. Una de las preocupaciones de esta correspondencia fueron las conversaciones entre los marxistas revolucionarios de Rusia sobre si el capitalismo —y el tipo de procesos de modernización a gran escala que el capitalismo industrial traía consigo— era necesario para el establecimiento del comunismo.

[10] Deleuze y Guattari El Anti-Edipo, págs. 40-41

[11] Michel Foucault Lectures on the Will to Know: Lectures at the College de France, 1970-1971, and Oedipdal Knowledge Picador2014pág. 142

[12] Deleuze y Guattari El Anti-Edipo, pág. 204. El tratamiento de la deuda por parte de D & G es bastante complicado, y va más allá del alcance de este artículo. Sin embargo, vale la pena decir que, en contraposición a algo que surge del intercambio y la circulación, la deuda se caracteriza como una «inscripción» hecha sobre el individuo por las estructuras dominantes de poder como medio de bloquear el futuro. Para una breve introducción a su teoría de la deuda, véase el artículo en dos partes del blog Social Ecologies de S.C. Hickman: “Deleuze y Guattari: Teoría de la deuda” (https://socialecologies.wordpress.com/2015/06/15/deleuze-guattari-theory-of-debt/) y “Deleuze y Guattari: Notas adicionales sobre la deuda” (https://socialecologies.wordpress.com/2015/06/16/deleuze-guattari-further-notes-on-debt/)

[13] Paul Baran and Paul Sweezy Monopoly Capital: An Essay on the American Economic and Social Order Monthly Review Press, 1966, págs. 150-152

[14] Deleuze y Guattari Mil Mesetas, pág. 466

[15] Deleuze y Guattari El Anti-Edipo, pág. 242

[16] Para una visión completa, véase Lewis Mumford La Técnica y el Desarrollo Humano: El mito de la máquina. Volumen I, 1967; y El Pentágono del Poder: El mito de la máquina. Volumen II, 1974. Mi ensayo «Orders of Technics: Considerations on Lewis Mumford» en mi Deterritorial Investigations blog también resume las teorías de Mumford, su conexión con las posiciones anarquistas de mercado y libertarias de izquierda como las de Ralph Borsodi y Kevin Carson, y ofrece una leve crítica: https://deterritorialinvestigations.wordpress.com/2016/12/04/orders-of-technics-considerations-on-lewis-mumford/

[17] Deleuze y Guattari Mil Mesetas, pág. 430

[18] Eric Geislinger, Jane Talisman, and Robert Anton Wilson “Illuminating Discord: An Interview with Robert Anton Wilson” New Libertarian Notes September 5th, 1976https://theanarchistlibrary.org/library/various-authors-illuminating-discord-an-interview-with-robert-anton-wilson

[19] Deleuze y Guattari Mil Mesetas, pág. 456

[20] Véase Eugene W. Holland Nomad Citizenship: Free Market Communism and the Slow-Motion General Strike University of Minnesota Press, 2011. Bajo la influencia de Deleuze y Guattari y de la Teoría de Sistemas de Segundo Orden (con la que sus teorías pueden estar fuertemente correlacionadas), Holland describe cómo «combinar los términos mercado libre y comunismo de esta manera es desplegar rasgos selectos del concepto de comunismo para transformar los mercados capitalistas para hacerlos verdaderamente libres y, al mismo tiempo, desplegar rasgos selectos del concepto de comunismo para transformar el comunismo y liberarlo de un enredo fatal con el Estado.» (pág. xvi)

[21] Mark Fisher “Touchscreen Capture: How Capitalist Cyberspace Inhibits Accelerationism” International Conference on Radical Futures and Accelerationism, 2016 https://voicerepublic.com/talks/01-mark-fisher-touchscreen-capture-how-capitalist-cyberspace-inhibits-acceleration

The Center for a Stateless Society (www.c4ss.org) is a media center working to build awareness of the market anarchist alternative



Source: https://c4ss.org/content/54633


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